03 julio, 2010

Asumir la derrota

Lo más difícil del duelo de la derrota es asumir la inferioridad, la ausencia de ilusión, la sensación de una triste despedida.

La tentación de buscar un chivo expiatorio, en lo que los argentinos si que somos campeones, hace que cada uno busque su culpable.

A Maradona le criticarán su falta de estrategia, la debilidad de la defensa, el haber sido arrogante y no cambiar su táctica frente a los alemanes.

Reaparecerán los que se regodean en pisotear su estilo de vida. Los que tirarán a quemarropa y alguno que otro será indulgente por las alegrías que nos supo dar como jugador.

De Messi dirán que no hizo nada: ni un gol, ni un pase, ni un acierto. Estando resfriado, ni siquiera estornudó durante el partido.

A Otamendi lo cuestionarán por sus errores en una posición que tuvo que asumir porque el técnico no llevó nadie que jugara de cuatro.

La lista puede seguir. Por qué jugó este y no otro. Por qué los cambios.

La ilusión duró tres minutos y se fulminó de cabeza.

La contundencia teutona que estaba de vacaciones en el primer tiempo reapareció para un cuarteto lapidario.

Yo creo que Argentina no era el mejor equipo. Pero hoy tampoco es el peor ahora, con el resultado puesto.

Falló, claro. Pero intentó ir siempre al frente. Jugó con el corazón, aunque con pocas ideas y ningún acierto.

Con eso no se logra estar entre los mejores. Pero ojo: uno a cero o 20 a cero es lo mismo.

Esta vez nadie puede hablar de piernas tibias, de jugar a medias.

Solamente hay que darse cuenta y aceptar que no somos los mejores. Punto.

Los que llegan están ahí con sus virtudes.

Uruguay por su férrea defensa, efectividad y suerte. Fiel a su estilo.

Holanda porque Brasil se durmió. Porque encontró en un gol en contra la energía para darlo vuelta ante otro equipazo que no pudo levantarse ante la adversidad.

Alemania es otra vez uno de los mejores porque superó en inteligencia, efectividad y velocidad a Argentina.

España porque tuvo juego y carambola a favor.

Falta definir a los finalistas, ahora, mientras los argentinos asumimos que no somos lo que creíamos ser, que otros pueden ser mejores. Y a esperar. Otra vez será... esperemos...

16 junio, 2010

Líricos, pragmáticos y carambolas

Cada partido, cada campeonato y fundamentalmente el mundial de fútbol reabre el debate entre los de “paladar negro”, quienes quieren ver equipos que jueguen bien, ganen, gusten y goleen, y los que tienen como prioridad llegar al sabor de la victoria aunque sea con once jugadores colgados del travesaño o ganando por penales.

No debemos engañarnos. En la mayoría de los mundiales recientes no se ha jugado bien. El que sale campeón no es necesariamente el que mejor juega, sino el que mejor se defiende, recibe menos goles y la emboca cuando tiene las oportunidades, aunque sean pocas.

Muchos goles vienen de pelota parada. Centro y cabezazo. Un rebote o un balón que queda picando y alguien define. Algún error de la defensa o la mala suerte de un arquero o defensor.

Si no me creen, pregúntenle a los jugadores, técnicos y fanáticos de Inglaterra, Argelia, Paraguay, Dinamarca, Honduras y España.

Si no fuera por los errores de los arqueros “verdes”, de un manotazo guaraní al aire, un rebote en una espalda danesa y de carambolas en favor de Chile y Suiza, varios partidos hubieran terminado de manera diferente. Solamente holandeses y chilenos tuvieron méritos futbolísticos para prevalecer en sus partidos, aunque los goles que les abrieron el camino a la victoria tuvieron un componente de flipper

Los románticos del fútbol comenzarán a escribir acerca del nivel chato del mundial. En realidad, ya varios empezaron.

Los simpatizantes, sobre todo de los países que ganan, los mirarán como si los otros no entendieran nada.

Los chilenos, por ejemplo, tienen todo el derecho del mundo a vivir su momento más feliz en el inicio del mundial y ponerse locos como su técnico argentino. Se han acercado a un boleto de jugar la segunda ronda gracias a su victoria y al batacazo suizo. Pero atentos, no deben comenzar a comerse el chocolate todavía. Si Suiza se les mete atrás, como hoy, el partido será complicado. Y cerrarán la clasificación, y la definición de jugar o no contra Brasil en octavos de final, contra España.

Los extremistas de plumas y teclados le darán con un caño por la cabeza al equipo español. La furia se mudará de la cancha para devaluar con críticas al gran candidato. Atentos: solamente le faltó la eficacia, la contundencia y la suerte en un partido como el de hoy. Si el travesaño hubiera estado 10 centímetros más arriba y los palos un poco más al costado, España hoy tenía los tres puntos.

Si España procesa bien la bronca y la frustración, y convierte esa energía en concentración –y no desesperación-, a la larga se verá fortalecida con esta derrota. Mientras, se quedará pensando para qué sirvieron los goles en los partidos amistosos... si hoy, cuando los necesitaban, se quedaron en el vestuario.

Muchos esperamos que en la segunda ronda se enfrenten a Brasil. Debo admitirlo, es porque creo que España es uno de los pocos que puede ganarle a los pentacampeones. Francia, que los amargó varias veces y los tiene "de hijos" (mundiales 86, 98 y 2006) y Alemania son los únicos con peso suficiente para ganarles. Un escalón más abajo, una Holanda o Italia inspiradas, o un milagro argentino, serían las únicas opciones para evitar su sexta estrella.

14 junio, 2010

Los países y la reafirmación de la identidad futbolera

El primer fin de semana de Sudáfrica 2010 nos sirvió para inundarnos de fútbol y de la realidad de los partidos mundialistas: salvo excepciones, en la mayoría de los casos los partidos fueron chatos, aburridos, gobernados por estilos conservadores. Entonces, las jugadas de pelota parada y los errores tuvieron más importancia a la hora de definir ganadores y perdedores.

En el partido de México, muchos esperaban la alegría azteca, que se silenció ante un tremendo gol sudafricano, luego de tres toques en velocidad, y casi se convierte en tristeza con un tiro que el palo devolvió en los minutos finales. El local no lució tan descompensado como suelen ser las selecciones africanas, pero su rival tampoco lo exigió a fondo porque no contó con profundidad.

Uruguay, Francia, Argentina, Inglaterra y Alemania jugaron con sus tradiciones a cuestas.

La garra charrúa que apuesta a la solidez defensiva, alguna que otra patada para marcar diferencias y tobillos, y la búsqueda del contragolpe. Forlán lo tuvo y salió al lado del palo. La defensa fuerte y difícil de vulnerar.

Francia como si jugara a media máquina. Atentos, con ese ritmo poco vistoso en cualquier momento la embocan y jugando mal pueden llegar lejos.

Argentina y lo de casi siempre. Sufriendo todo el partido. Con goleadores que no la meten y un defensor salvador. Con la ilusión intacta aunque cautelosa, impulsada por el estilo sudamericano de amagues y quiebres de cintura. De esos que definen partidos o te dejan como campeones morales. Una defensa con varias puertas abiertas. Y el color en las tribunas, que hubiera existido aún sin barras bravas. Una selección que despierta respeto y recelo. Ahora que jugó medianamente bien, los hinchas de otros países le apuntan al traje de Maradona. Eso es una buena señal.

Inglaterra y Alemania juegan y jugarán siempre igual aunque cambien los técnicos y pasen los años.

Los ingleses con vértigo, velocidad y cabezazos. No se confundan con el error del arquero. Fue en un partido que no definía nada. Si hubiera sido en octavos de final o más adelante, lo colgaban en Trafalgar Square. Así quizá hasta sale fortalecido. Mientras seguirán tirando centros y Rooney la empezará a meter.

Estados Unidos no lució mal. El contragolpe del segundo tiempo a toda velocidad que terminó en el palo tras otro momento de guantes escurridizos de Green demostró que los gringos están para dar batalla, aunque en su país ni sepan que se juega el mundial.

Alemania deslumbró con la precisión, la velocidad y la contundencia. Creo que fue el único de todos los que jugaron que no rifó ninguna pelota en mitad de cancha, ni perdieron posesiones por errores infantiles. Varios cambios de frente de treinta o cuarenta metros con una eficacia increíble. Jugando de memoria. Una pena que no lo dejé por escrito semanas atrás, porque ahora parecería algo cantado: quizá jueguen mejor sin Ballack. La superestrella servía de peaje en cada jugada. Parecía que si él no tocaba la pelota el ataque no era válido. Ahora el equipo tiene más vértigo sin su presencia. Veremos si lo mantienen frente a rivales de mayor jerarquía.

Hay países que juegan y jugarán siempre igual, sin importar que los actores cambien. Brasil, Alemania e Italia.

Esto no es casual.

En 18 ocasiones se jugó el mundial hasta el momento. Brasil fue finalista siete veces y es pentacampeón. Alemania llegó a la final siete veces y la ganó en 3 ocasiones. Italia llegó a seis finales y ganó cuatro.

Estos datos no pretenden incluir la estadística en el análisis del fútbol porque sería ridículo. Solamente muestran, desde mi punto de vista, que hay constancia a través del tiempo entre los que tienen una identifidad futbolística clara y la mantienen a pesar que cambien jugadores y técnicos.

Y cierro con otro dato curioso: solamente hubo dos finales en las que no estuvieron algunos de estos tres países. La primera, en 1930 (Uruguay 4, Argentina 2); la segunda en el 78 (Argentina 3, Holanda 1). En el 78 el partido por el tercer puesto fue Brasil e Italia, y sabemos que si Argentina no le hubiera ganado por goleada a Perú, Brasil hubiera jugado la final en el Monumental de Nuñez.

El cuarto país con mayor número de finales jugadas es Argentina, con 4. Dos ganadas y necesitamos una tercera estrella, que esperamos que llegue en este siglo.

Uruguay, Hungría (!), Holanda y Francia jugaron dos finales cada uno. La celeste ganó las dos que jugó. Con Inglaterra comparten el privilegio de no haber perdido jamás una final de la copa del mundo (Inglaterra ganó en su suelo la única que disputó).

Hasta ahora no se vio nada nuevo. La identidad futbolera se corroboró en los primeros juegos. Todavía no saltaron los tanos ni los brasileros a la cancha. Entre los dos tienen la mitad de las copas en sus vitrinas. No esperen juegos deslumbrantes de su parte esta semana, generalmente cuando fueron campeones jugaron "de menor a mayor", es decir que empezaron con dudas y se fueron con la alegría.

10 junio, 2010

Con todas las luces

La albiceleste necesita llegar concentrada al primer partido y empezar con todas las luces prendidas, aunque juegue bajo el sol.

Debutará en el estado Ellis Park. La foto es de Philips, que proveyó la iluminación. Declaro que es cliente de la empresa para la que trabajo, y que entonces esto se puede calificar como un chivo. Pero no importa, la foto está buenísima.

Aún así, no me garantizaron que con su iluminación se le prenda la lamparita a los jugadores de Diego.

Los nervios y la impaciencia, se viene el mundial

Ha llegado el día que esperamos hace cuatro años todos los futboleros: faltan menos de 24 horas para que la pelota comience a rodar en Sudáfrica.

Confieso que en mi opinión los argentinos no podemos disfrutar un mundial. Lo sufrimos. Porque sabemos que podemos llegar lejos pero tememos lo peor.

Tenemos experiencia en el asunto: cuando llegamos con ilusión terminamos con amargura.

En esta ocasión estamos ahí con un gran número de individualidades de calidad, desde los jugadores hasta el técnico. Todavía no tenemos equipo. El juego colectivo no apareció y quizá no llegue hasta el 2014.

Tenemos al mejor jugador del mundo, pero vestido con el buzo de entrenador. Sus locuras y excentricidades pueden resultar electrizantes. Puede dar la energía y la mística que logra resultados, o darnos un golpe de tensión y dejarnos en la lona.

También sabemos que a veces llegar mal es mejor. Ejemplos sobran de equipos que entran por la puerta de atrás y salen con la copa en la mano.

Los “especialistas” en los medios siguen analizando y hablando de candidatos. España es la “niña bonita” de los pronósticos. Ojalá que las burbujas no se le suban rápido a la cabeza a los jugadores de la furia roja. Si no controlan su mente dejarán a sus compatriotas furiosos.

Lo más probable es que los de siempre lleguen a las instancias claves.

Brasil sigue siendo el mejor equipo de fútbol, un escalón o varios por arriba de todos. Si fueran con dos selecciones, la de titulares y suplentes, sería probable que jugaran la final contra sí mismos. Eso los pone cerca, pero no les garantiza la copa.

En la semifinales, desde mi punto de vista, nos encontraremos con una mezcla de los de siempre y alguna sorpresa.

1- Brasil
2- Alemania o Italia (si no llegan los dos). Jugando mal o bien, siempre llegan.
3- España (si llegan con la actitud correcta) e Inglaterra (este año creo que tienen un equipo más balanceado)
4- Y el cuarto... un sospechoso de siempre o una sorpresa. Mi corazón pide ver a Argentina aquí (aunque creo que no jugaremos más de 4 o 5 partidos, con suerte), pero también podemos ver aquí a Francia, Holanda, Portugal o alguna sorpresa... incluso trasandina...

Los comentarios son bienvenidos, con pasión pero con respeto, para no ser borrados.

20 noviembre, 2009

La derrota de la cábala

El fútbol es la religión con más adeptos y templos del mundo.

Los fanáticos de la fe futbolera le ganan por goleada a los racionalistas de la redonda, que aparecen esporádicamente para despotricar con su intelecto y criticar con piedad a los feligreses de la redonda.

Entre los códigos de los que viven el fútbol con el corazón caliente, las cábalas ocupan un lugar preferencial.

Algunos usan la misma ropa para ver los partidos. Piensan en el lugar desde donde suelen ver los partidos que se ganan. Consideran con quien ver los partidos.

Entienden la magia oculta en el color de la camiseta, su marca, su número.

Comprenden que en ciertas secuencias de un partido o campeonato se vpueden ver las señales de la suerte.

Consideran la noción de la racha. De llegar como puntos o como banca a un partido, a un clásico, al Mundial, que se merece la mayúscula.

Algunos, como yo, creen que hay derrotas necesarias y oportunas. Créanme que no es porque se aprenda de ellas, si fuera así yo ya tendría varios doctorados.

La derrota conveniente es la que evita desperdiciar momentos y aciertos que harán falta en el futuro.

Por ejemplo, si el defensor se equivoca cometiendo un penal y errando luego un gol en el área chica en la última jugada, que le pase en un amistoso. En el partido que defina la alegría de una vida que no se equivoque, que la mano no lo traicione y el frentazo se clave en el ángulo.

Hay felicidades que perduran y traicionan. Son las grandes victorias, que emocionan por su magnitud.

Es la copa levantada, la eliminación del rival de siempre, la vuelta olímpica.

Los grandes ganadores generalmente se levantan de derrotas humillantes que los convierten en gladiadores.

Por eso el hincha cree que las resurrecciones y los milagros son posibles.

Siempre hay un momento en que la suerte cambia, y de un acierto resurge la chance del éxito.

Por eso, por la cábala de ir de menor a mayor, creo que hay derrotas que sirven. Solamente hay que encontrar la manera de que la tendencia cambie, que el equipo se organice, que de la mística reemplace a la violencia y las torpezas, e incube el juego, la alegría y la esperanza del éxito.

10 noviembre, 2009

Gol de media cancha

En el fútbol, ya se sabe, goles son amores.

Una de las alegrías máximas es el momento en el que el equipo favorito logra marcar un gol. Y si son varios, mucho mejor.

Por supuesto que hay goles y goles.

Están los que abren el camino a la victoria.

Los que generan la ilusión pasajera que se va con la remontada del rival.

Los que encausan un partido difícil, trabado, muy parejo y peleado.

Los del honor, para marcar presencia en una goleada que nos deja maltrechos.

Están los goles “de otro partido”, que por sus características estéticas, disonantes con el trámite del juego, son memorables.

Los hay de todo tipo.

Los que resultan de una jugada colectiva.

Los que nacen de una incursión individual.

Los que vienen después de un centro por tiro libre o de esquina.

Los que llegan de carambola después de varios rebotes.

Los tristes goles en contra.

Los goles que son más desacierto del arquero que producto del delantero.

La lista puede seguir por varios días.

Entre todos los tipos de goles existentes creo que el imaginario popular destaca como de mayor envergadura algunos muy especiales.

El gol olímpico: genialidad que desde el tiro de esquina se clava en el arco, sin intermediación alguna.

El gol de media cancha: tan inusual como el anterior, requiere de potencia por parte del atacante y un factor sorpresa para el arquero.

Es tan especial este tipo de gol que habitualmente el futbolero, hablando sobre un gran acierto en cualquier orden de la vida, dice que es “un gol de media cancha”.

Espero que todos ustedes tengan la oportunidad de festejar un gol de este tipo en su vida.

Es una alegría enorme.

Se los digo por experiencia: disfruté de uno así el sábado pasado.

Todavía mi memoria pasa el “replay” a cada rato, justo antes de recordar a mi hijo levantar los brazos al cielo, puño cerrado y sonrisa en la cara.

14 octubre, 2009

Alivio

La suerte indicó que uno que entraba a defender la pescara en el área para marcar el gol de la victoria, que obligará a estudiar geografía: ahora deberemos aprender nombres de ciudades sudafricanas.

El fútbol a veces es así, premia al que quiere y busca menos, pero acierta en su única oportunidad.

Para algunos el pasaje al mundial es la alegría de la vida.

Esta vez creo que para una gran cantidad de albicelestes, en cambio, es el alivio de evitar la cargada de los que estaban esperando que nos quedáramos en el camino.

Hoy respiramos. Nos salvamos del abismo.

La ilusión se irá renovando poco a poco.

Estaremos atentos al sorteo, esperando que esta vez el rey vecino no nos saque la bolilla caliente de una potencia europea.

Quizá tengamos que prepararnos, una vez más, para el “grupo de la muerte”.

Estudiaremos a los rivales y sus temibles artilleros. Descubriremos defensas impenetrables.

Repasaremos la historia y abrazaremos la idea de que muchas veces campeones son los que no llegaron bien.

Volverán a rondar los fantasmas del pasado y nos acordaremos de las tristes despedidas que nos tocó vivir.

Reaparecerán las teorías conspirativas.

Mientras, comenzarán los conteos regresivos y los sorteos de viajes.

Aumentará la venta de televisores.

Los "cabuleros" estarán atentos a la marca, el diseño y el lugar de fabricación del nuevo modelo de camisetas. Se venderán muchas, de las originales y de las truchas.

Esperaremos la lista definitiva de convocados. Seguirá la polémica y se reconstituirá la esperanza de que alguna estrellita europea demuestre sus quilates ya jugando contra equipos de todo el mundo.

Volverán los días de junio en que las escuelas dejan de dar clases para ver los partidos.

Los medios harán notas para mostrar cómo se viven los partidos en la Quiaca, Usuahia o los dos.

Pero momento... no hay que adelantarse.

Hay que aprovechar un poquito de tranquilidad… un suspiro y un poco de calma nos vienen bien por ahora.

13 octubre, 2009

Hora y media

Noventa minutos, o un poquito más, definirán el humor de un mes o hasta cuatro años.

El fútbol es así: marca el ritmo del corazón de los que sufrimos por amor a la camiseta. Por querer la gloria. Por evadir las cargadas lacerantes.

En términos generales el hincha siempre quiere ver a su equipo jugar bien y ganar. Cuando la materia prima es escasa o está desorganizada, el conformismo también se encuentra en ganar uno a cero aunque sea con un gol en contra. Y a veces hasta un empate se festeja.

El resultado define el humor y también las expectativas.

El éxito despierta el apetito y multiplica las exigencias. El fracaso potencia las urgencias.

En términos muy específicos, hay partidos que son distintos. Son únicos. Se los llama “clásicos”. Sabemos muy bien que esos son los que se deben ganar si o si. O, al menos, como único Plan B, no perder.

Las ambiciones estéticas se diluyen y el resultado final es lo más importante.

Esta renuncia a las pretensiones de belleza futbolística se firma con escribano público si del resultado depende una clasificación, un campeonato o un ascenso (ni que hablar de un descenso).

El hincha necesita el resultado. Está dispuesto a alentar siempre y cuando desde la cancha perciba que la actitud del equipo lo merece. El límite entre los gritos de apoyo y los insultos está precisamente en la percepción de que alguien no puso la pierna fuerte, no corrió lo que debía, no se tiró al piso si hacía falta.

La actitud, importante en cualquier orden de la vida, es imprescindible en un clásico. En los partidos que definen todo no hay lugar para timoratos, indecisos y desentendidos.

A veces con pura actitud se da vuelta un resultado y se logra lo que no estaba en cálculos de nadie. La belleza de la sorpresa del fútbol, quizá único deporte en el que el más débil o el que llega peor puede llevarse la gran alegría.

El buen juego puede ser un gran aliado para el resultado, pero el destello no debe ser de pirita. El oro verdadero es para los que se visten el traje de héroes, meten o evitan goles. Pasar a cuatro aunque sea con dos caños y quiebres de cintura, para tirarla afuera, no abre un espacio en el lugar de los destacados.

La actitud, entonces, fundamental. El buen juego, una gran ayuda.

Y, por último, la suerte. Esa es la que puede terminar guiñando el ojo a uno o a otro. Veremos cómo se comporta en estos días, y para qué lado yira el mundo, cuando dos archirrivales tangueros definan, en poquito más de hora y media, el humor de varios años.

08 septiembre, 2009

Duración de la bronca

¿Cuánto dura la bronca de una derrota muy fea?

Esa es una pregunta que solemos hacernos uno o dos días después de morder el polvo de la derrota.

Esa sensación de desazón, de desesperanza total, generalmente se mezcla con iracundia hacia algún protagonista del partido… un defensor que no cruzó a tiempo, un mediocampista lento o de bajo compromiso, un delantero al que le falló el tiro del final, el árbitro, el técnico, el travesaño… y hasta la suerte, el destino, la “paternidad” o la “racha”.

El asunto se complica emocionalmente cuando la derrota era el resultado más lógico antes del partido.

En realidad, en lugar de ser un atenuante, la previsibilidad del resultado acentúa la indignación.

¿Por qué sucede esto? Muy simple: nuestro enojo no se vincula solamente con el resultado, sino con al menos dos elementos adicionales.

Primero, la bronca se potencia con lo que podríamos llamar el efecto espejo. Se trata de la difícil tarea de mirarnos al espejo y reconocer quiénes somos. Asumir la realidad, aunque no nos guste.

Cuando nuestro equipo no es superado por un rival de un mismo nivel o inferior, sino por uno superior, nos duele tener que aceptar que los otros son mejores. Nos resulta muy difícil vernos en el espejo y no tratar de engañarnos. Es más simpático pensar que uno es lo que era, o es lo que algún día puede llegar a ser, en lugar de bancarnos lo que nos toca, lo que somos hoy.

Segundo, el enojo resulta de la comprobación lamentable de la falta de concreción de un milagro.

El fútbol es el deporte más lindo del mundo porque no siempre gana el que es mejor. Cada tanto se da el fenómeno que los futboleros de corazón conocen muy bien. El equipo que en los papeles y en las expectativas tiene menos chances entra a la cancha y tiene la tarde o noche ideal. Opaca el rival, que todos saben que es mejor. Da el batacazo. La sorpresa. Deja atónito a los oponentes y produce el resultado que nadie esperaba. Es la historia de la cenicienta, de David y Goliat. El cuento de hadas. Hollywood.

El hincha de fútbol, por más racional que sea en su vida extra-futbolística, siempre tiene dentro suyo a un idealista, a un místico, que espera el milagro en cada partido. Cuando va de punto sueña con ser banca. En vísperas de enfrentamientos difíciles, casi imposibles, espera silenciosamente que se de la sorpresa. Empieza a preparar en su mente el festejo desenfrenado de lo inesperado.

Sin embargo, si el partido se juega y gana el mejor, el hincha se hunde en un pozo. Debe asumir tres cosas: el resultado, la realidad y la postergación de la llegada del milagro.

Algunos verán el partido varias veces, para verificar quién fue el villano o probar si en la repetición el gol entra.

Otros solamente querrán dormir y despertar al día siguiente para constatar que por algún motivo declararon que el partido no fue válido. El anti-doping le dio positivo a alguien, o detectaron alguna falla o trampa que implica la necesidad de que el partido se juegue de nuevo. En el 99.9999999 por ciento de los casos no sucede nada de esto.

La duración de la bronca no es un período fijo. El duelo no es igual para todos. No conocemos cuánto conviviremos con ella.

Pasa un poco de tiempo. No sé muy bien cuánto. Entonces, la bronca se convierte en resignación. Esta última, por un proceso psíquico o químico, vaya uno a saber, va mutando hasta que forma una tímida esperanza. El anhelo de revancha, la sensación de que la próxima vez sí podremos. Sabemos que no somos los mejores, pero quizá se nos de. No somos tan malos. Y los otros alguna vez se van a equivocar.

Cuando llegamos a este estado ya estamos listos para intentar empezar de nuevo.

04 agosto, 2009

Hacer la personal

El jugador intenta el movimiento soñado.

Maneja el balón como si fuera con la mano.

Lo domina, lo acaricia, lo prepara para un potente disparo.

Amaga una vez, dos veces, engancha y le da el sablazo.

Revienta la red. La infla con gran categoría y contundencia.

Levanta los brazos, se llena de gloria.

Es en ese momento en que ve la cancha totalmente vacía.

Ni una mosca vio su golazo.

Piensa que la próxima vez tiene que jugar en equipo. Tirar una pared o habilitar a otro jugador.

Porque así, haciendo la personal, le da la sensación que está demasiado solo.

19 julio, 2009

Vueltas

Dar vuelta un partido es una sensación espectacular.

Y si sirve para da la vuelta olímpica, festejando el campeonato, origina una alegría infinita.

Hace poquito vi cómo el equipo supuestamente más débil, de visitante en tierras de otros idiomas, le daba la vuelta una final al candidato a campeón.

Hubo muchos festejos solidarios.

Puños arriba, apuntando al cielo.

El fútbol es así, suele decirse: a los partidos hay que ganarlos en la cancha.

Quizá la característica más hermosa de este deporte es que siempre hay una posibilidad de dar el “batacazo”, lograr el resultado que nadie esperaba.

Por eso, les recomiendo, no se anden con vueltas con este tema: nunca festejen antes de ganar.

14 julio, 2009

Es para vos

Un gol sin dedicatoria ni festejo es una mentira.

La idea es que este blog sea un golazo. Como no los puedo meter en la cancha, intento acá.

De pronto, quién te dice, me descubren, me compran y me llevan a escribir a Europa, donde se pagan millones. Y, encima, en euros.

Entonces, ya lo voy dedicando. Tiene más valor ahora que cuando sea millonario.

Estas páginas están dedicadas a dos personas que están en el lugar desde donde uno no vuelve. En la platea desde la que se ven todos los partidos sin pagar entrada.

La primera persona es la que me bancó mis idas a la cancha. Por financiarlas y por aguantarme las ausencias domingueras o sabatinas. Sin ella no estaría en este mundo. Mamma mia... por si no se avivaron.

La segunda es un amigazo que me llevaba décadas, y con quien nos hicimos grandes amigos en el trabajo, jugando con las palabras y el doble sentido -siendo el segundo futbolero- que solamente la gente que alguna vez saltó en un tablón, literalmente, puede usar. Lalo. Ojalá me dictes alguna frase de tanto en tanto.

El sueño del pibe

No importa si uno es bueno o malo al fútbol.

Si es de los que solamente pueden ir al arco.

O si la rompe haciendo jueguitos.

Si alguien es futbolero de corazón, en algún momento, soñó con ponerse la número diez.

Con la posibilidad de hacer un gol histórico.

Pero ojo, no un gol cualquiera.

Uno de esos goles que es para el campeonato.

Que hace trabajar a los fotógrafos atrás del arco.

Que los deja afónicos a los relatores.

Uno de esos goles que se meten muy de vez en cuando, pero se recuerdan siempre.

Que permiten al equipo levantar la copa.

Si alguna vez tuviste eso que en Argentina llamamos el sueño del pibe, este blog es para vos.

Para que leas y compartas la pasión del fútbol.

La declaración de principios es clara: aquí se escribirá y se leerá sobre la esencia del deporte más lindo del mundo.

Sin nombres de equipos, sin insultos, sin cargadas.

Pero con muchas ganas de dar la vuelta olímpica.